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Martina y su hija Patricia huyen de Elche hacia un pueblo de montaña llamado Benillup para comenzar una nueva vida. Tras el encarcelamiento del padre de Patricia y el divorcio de sus padres, madre e hija se adentran en la oscuridad de un…
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Martina y su hija Patricia huyen de Elche hacia un pueblo de montaña llamado Benillup para comenzar una nueva vida. Tras el encarcelamiento del padre de Patricia y el divorcio de sus padres, madre e hija se adentran en la oscuridad de un invierno implacable, donde una antigua amiga de Martina les brinda refugio. Pero en las sombras del pueblito, entre la nieve y el bosque que lo rodea, acechan peligros insospechados.
En un invierno gélido que recorre las montañas de la provincia de Alicante, Martina y su hija adolescente Patricia inician un viaje desesperado hacia una nueva vida. Huyen de Elche, donde la familia se ha desmoronado: Diego, el padre de Patricia, se pudre en una celda tras ser condenado por su corrupción en una sucursal de banco y por sus antecedentes de violencia doméstica. Martina, que durante años soportó sus golpes y su control obsesivo, finalmente encontró el valor para denunciarlo. Ahora, con el divorcio en trámite y sin perspectivas laborales en su ciudad natal, se ve forzada a reiniciar su existencia en el pueblo de Benillup, una aldea perdida en la montaña donde apenas viven cien habitantes.
La compra de la mudanza la financia un pequeño ahorro secreto que Martina fue acumulando a lo largo de los años: dinero que su marido nunca supo que existía, un fondo de supervivencia que le permite escapar. Su único apoyo es Eva, una amiga de sus tiempos universitarios a quien no veía hace años. Eva trabaja en Cocentaina, en el área de atención a mujeres víctimas de violencia de género, y fue quien le ayudó a articular su denuncia, quién conocía a los periodistas que expusieron la corrupción de Diego. Ahora le ofrece refugio en una casona aislada al borde del bosque.
Patricia vive este cambio forzado como una condena. Con la rebeldía propia de la adolescencia, rechaza el futuro que su madre le impone. Las amigas, el centro comercial, los viajes al cine, toda su vida social desaparece de un plumazo. En el coche que las lleva hacia Benillup, sumida en su teléfono móvil, se niega a aceptar que este sea su nuevo hogar. El pueblo le parece el fin del mundo: un lugar vacío, sin tiendas, sin jóvenes de su edad, sin conexión alguna más allá de una débil señal de cobertura.
Pero durante el trayecto nocturno, en una carretera estrecha flanqueada por bosques oscuros y nieve acumulada, ocurre un incidente perturbador. Un ciclista se cruza en el camino, emerge de la penumbra como una aparición amenazante, observa el coche con una mirada penetrante antes de desaparecer en la noche. Es un primer presagio de que en este pueblo tranquilo, bajo su aparencia adormilada, acecha algo más siniestro. Los nombres de lugar guardan sus secretos: Benillup viene del árabe «beni» (hijo de) y del valenciano «llop» (lobo). Han entrado, literalmente, en una madriguera de lobos.
Conforme Martina y Patricia se adentran en las calles del pueblo, mientras llueve aguanieve y la temperatura desciende bajo cero, descubren que casi no hay comercios, que la mayoría de las casas parecen deshabitadas y que la civilización quedó muy atrás. El bosque las rodea por todas partes. Y en ese escenario desolado, comienza la verdadera prueba: ¿podrán realmente escapar de su pasado, o los demonios que huyeron las alcanzarán en la oscuridad?