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En marzo de 1912, tres exploradores ingleses se debatían entre la vida y la muerte en la Antártida, tras haber alcanzado el Polo Sur con Robert Scott.
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En marzo de 1912, tres exploradores ingleses se debatían entre la vida y la muerte en la Antártida, tras haber alcanzado el Polo Sur con Robert Scott. Esta biografía, escrita por el explorador Ranulph Fiennes, revisa la legendaria expedición británica de 1911-1912 desde la experiencia personal, desentrañando el enigma que Scott ha representado durante noventa años. Alejándose de las versiones anteriores, Fiennes sitúa la gesta en el contexto del apogeo imperial británico y cuestiona los mitos que rodearon la carrera entre británicos y noruegos hacia el Polo Sur.
En marzo de 1912, bajo el hielo antártico, tres hombres agonizaban. Lawrence Oates, Henry Bowers y Edward Wilson habían llegado al Polo Sur junto a Robert Scott, pero el regreso se tornó en una carrera contra la muerte, el hambre y la congelación. El más heroico, Oates, abandonó la tienda para no ser una carga; los otros dos, junto a Scott, murieron aún más al sur.
Aquella expedición de 1911-1912, donde cinco ingleses compitieron contra cinco noruegos por alcanzar primero el Polo Sur, pasó a la historia como un acto de heroísmo épico. Pero tras casi noventa años y más de cincuenta biografías, Scott permanecía como un enigma polarizante: para unos, un héroe arquetípico del imperio británico; para otros, un fracasado cuyas decisiones fatales condenaron a sus hombres. Los diarios de los expedicionarios revelaban juicios contradictorios: mientras Bowers lo veneraba y Wilson lo respetaba profundamente, Oates lo despreciaba.
Ranulph Fiennes, explorador él mismo y veterano de expediciones polares extremas, cuestiona las interpretaciones de sus predecesores. A diferencia de otros biógrafos que nunca experimentaron la crudeza antártica, Fiennes ha tirado trineos en glaciares como Beardmore, ha caminado miles de kilómetros con pies lesionados por congelación, ha visto campos de hielo jamás pisados. Su propia vivencia le otorga un criterio diferente para juzgar las decisiones de Scott.
El libro sitúa la expedición en su verdadero contexto: el apogeo del Imperio Británico de principios del siglo XX, cuando Londres dominaba un tercio del comercio global, cuando conquistar tierras desconocidas era acto de soberanía nacional. Desde la visión de Clements Markham, presidente de la Royal Geographical Society, hasta el origen de la obsesión británica por trineos tirados por hombres en lugar de perros, Fiennes reconstruye cómo surgió la carrera polar, las ambiciones que la motivaron y los errores que ningún biógrafo anterior comprendió realmente.