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En 1993, en un campamento junto al lago Werbellinsee, Matthias Jensen sufre una brutal agresión al defender a su hermana. Olivia Kluge lo rescata esa noche, iniciando un encuentro transformador que los marca para siempre.
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En 1993, en un campamento junto al lago Werbellinsee, Matthias Jensen sufre una brutal agresión al defender a su hermana. Olivia Kluge lo rescata esa noche, iniciando un encuentro transformador que los marca para siempre. Décadas después, en 2016, sus destinos vuelven a cruzarse en contextos inesperados. Una historia sobre cómo los momentos juveniles moldean nuestras vidas, articulada a través de los ciclos de las estaciones como símbolos de cambio y temporalidad.
En el verano de 1993, junto al idílico lago Werbellinsee, un campamento protestante acoge a adolescentes en búsqueda de desarrollo personal. Matthias Jensen, un joven tímido y de buen corazón, descubre a un grupo de muchachos espiando a las chicas que se bañan, incluida su hermana Karen. Movido por la decencia moral, intenta detener el acoso, lo que desata una brutal agresión que lo deja herido y abandonado en la oscuridad.
Esa noche, Olivia Kluge lo encuentra. Ella es una joven mayor, inteligente y desenvuelta, que aprovecha las noches para pasear sola leyendo bajo la luz de su linterna. Lo que comienza como un rescate se transforma en un encuentro cargado de tensión emocional. Entre confesiones y miradas prolongadas, ambos descubren una conexión que los define: Matthias experimenta su primer encuentro sexual con alguien que no solo lo desea, sino que le enseña lo que significa disfrutar de la intimidad. Olivia, por su parte, se permite ser vulnerable ante alguien cuya ingenuidad contrasta con su propia madurez.
Pero Olivia es consciente de la realidad: ese romance de verano está condenado a durar solo mientras dure el campamento. Sin embargo, el impacto de ese encuentro perdura más allá de las vacaciones.
Veintitrés años después, en el aeropuerto de Madrid, Matthias espera para embarcar hacia Toronto. La novela se articula en torno a los ciclos de las estaciones —verano, otoño, invierno, primavera— como metáfora de transformación, maduración y el implacable paso del tiempo. Es una exploración de cómo los encuentros cruciales en la juventud moldean nuestras decisiones y se convierten en el eje narrativo desde el cual interpretamos toda nuestra existencia.