Libros
Frank Dominio es un supervisor corporativo que lucha constantemente contra el miedo y la inseguridad. Cuando presenta ante sus superiores una innovadora idea de producto, esperando obtener la aprobación de su jefe Richard y los demás…
Formatos disponibles
Frank Dominio es un supervisor corporativo que lucha constantemente contra el miedo y la inseguridad. Cuando presenta ante sus superiores una innovadora idea de producto, esperando obtener la aprobación de su jefe Richard y los demás supervisores, la propuesta es rechazada de manera displicente. Este primer relato de horror corporativo explora cómo el sistema empresarial sofoca la creatividad y cómo el miedo interpersonal genera parálisis y desesperación en aquellos que buscan destacar.
Frank Dominio lleva años trabajando como supervisor en una gran empresa corporativa, lidiando cotidianamente con un miedo profundo e inaplacable que le caracteriza desde la infancia. A través de una reflexión mordaz sobre la naturaleza humana, reconoce que el miedo es casi universal, si bien existe un espectro de cómo las personas lo ocultan o lo canalizan. En la estructura corporativa donde labora, los mandos superiores representan esa “raza de cerdos” que él identifica como aquellos capaces de dominar y dirigir el miedo de otros hacia sus propios intereses. Una vez por semana, Frank se reúne con sus seis colegas supervisores y con Richard, su jefe directo, en una antiquísima sala de conferencias que conserva la arquitectura de épocas pasadas. Durante una de estas reuniones, Frank decide presentar una propuesta innovadora para una nueva línea de productos, algo que contrasta radicalmente con la estrategia tradicional de la empresa de reciclar y reiterar diseños previos. La presentación comienza con esperanza pero rápidamente se convierte en un desastre humillante. Richard y sus colegas reciben la idea con indiferencia y escepticismo. Aunque Frank intenta defender su propuesta argumentando que la empresa posee los recursos y conocimientos necesarios para llevarla a cabo, se enfrenta a una cascada de objeciones vagas e infundadas. Sus compañeros hablan de “focalización en rentabilidad”, “vampirización de datos” y otros clichés corporativos mientras rechazan sutilmente cualquier atisbo de innovación que se desvíe de lo establecido. Lo que más duele a Frank es la certeza de que su fracaso era inevitable, que ninguna idea, por brillante que fuera, habría tenido oportunidad ante este grupo específico de hombres. La reunión se cierra con la sugerencia de Richard de posponer la discusión indefinidamente, un eufemismo transparente para el rechazo definitivo. En las horas que siguen, Frank cae en una espiral de autodesprecio y angustia existencial. Su mente genera argumentos internos sobre la naturaleza del miedo, la perspectiva, y la futilidad de pretender entender la verdad objetiva cuando el sistema está diseñado para aplastar cualquier desviación. A través de comparaciones con Galileo y reflexiones sobre la obscenidad de creer en una “perspectiva amplia”, Frank articula cómo el valor de sus ideas depende completamente de la aprobación de quienes lo rodean, especialmente de Richard, no de su mérito intrínseco. Este primer acto de horror corporativo desentraña la psicología del miedo institucional: cómo el sistema empresarial castiga la originalidad, cómo los supervisores intermedios se convierten en víctimas de una estructura que los obliga simultáneamente a competir y conformarse, y cómo el rechazo profesional se transforma en una crisis de identidad.