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En el café Mercurio de Oviedo, Álvaro Atienza, un hombre marcado por la deformidad física y el silencio, juega al billar con sus amigos de toda la vida.
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En el café Mercurio de Oviedo, Álvaro Atienza, un hombre marcado por la deformidad física y el silencio, juega al billar con sus amigos de toda la vida. Mientras intenta ocultar algo ocurrido esa tarde de marzo, la novela despliega una exploración de la amistad, la soledad y las pequeñas tragedias que configuran una vida. En el trasfondo, la decadencia de una fábrica familiar y la angustia existencial de quien sabe que el tiempo se consume sin remedio.
Álvaro Atienza vive en Oviedo, en una casa que es también la sede de la fábrica Lozas y Porcelanas Atienza, un negocio familiar en ruinas que se desmorona lentamente, año tras año, con la indiferencia del paso del tiempo. Es un hombre de cuarenta y cuatro años, delgado, de mirada penetrante y gris como el acero, marcado por una joroba en el hombro izquierdo que ha aprendido a ocultar con capas de ropa. Durante dos décadas ha hecho de esta costumbre una segunda piel, convirtiendo el disimulo en un arte de vida.
Su círculo es reducido pero estable: Floro Santerbás, su amigo de toda la vida, Rodrigo de Almar, y un puñado de jugadores más que se reúnen en el café Mercurio, un local decrépito donde cada tarde se instalan alrededor de la mesa de billar de carambolas. Floro juega con fantasía y ambición artística, buscando en cada jugada la belleza de un proyecto mayor. Rodrigo, metódico y eficiente, se conforma con asegurar la carambola presente. Y Álvaro, enigmático y secreto, juega movido por motivaciones que nadie alcanza a descifrar, como si su intención fuese desafiar las leyes de la física o rebelarse contra el destino.
Dos años atrás, cuando Rodrigo regresó a Oviedo, reanudaron estos encuentros como si quisiesen recuperar algo que parecía perdido: la ilusión de volver a ser quiénes fueron en aquella época remota de lluvia y culpa. Ahora no hablan del pasado, pero el silencio que guardan mientras juegan dice más que cualquier palabra: es el silencio de quien prefiere creer que el tiempo no ha pasado, sino que se ha quemado en denso humo que la memoria no desea atravesar.
En esta tarde de marzo, algo ha cambiado en Álvaro. Juega con rencor, falla repetidamente, lleva la pesada chaqueta de cuero sin quitársela, como si quisiese blindarse contra algo. Esa tarde le ha sucedido algo que trata de ocultarse a sí mismo, algo que marca el instante decisivo desde el cual ya no podrá regresar. La novela es una meditación sobre la amistad, la soledad, el paso inexorable del tiempo y la pequeña puerta por la cual accedemos a territorios sin suelo, donde solo nos queda esperar el final.