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Sátira infernal sobre la pasión bibliófila. En esta alegoría burlona, Charles Asselineau narra el tortuoso periplo nocturno de un coleccionista de libros seducido por un misterioso demonio en los quais parisinos.
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Sátira infernal sobre la pasión bibliófila. En esta alegoría burlona, Charles Asselineau narra el tortuoso periplo nocturno de un coleccionista de libros seducido por un misterioso demonio en los quais parisinos. Forzado a adquirir volúmenes absurdos, el protagonista descubre que la inocente manía de reunir libros alberga todos los pecados capitales: avaricia, lujuria, orgullo y vanidad. Una genial reflexión sobre cómo cualquier obsesión, por sublime que parezca, puede convertirse en tormento.
Charles Asselineau, médico convertido en hombre de letras y fervoroso amigo de Charles Baudelaire, legó al mundo una obra singular que burlonamente retrata la compulsión de coleccionar libros. El Infierno del Bibliófilo es una sátira alegórica que juega con el modelo dantesco para exponer, con agudo humorismo, las miserias ocultas de quienes se dedican a perseguir volúmenes raros y antiguos. La trama, enmarcada como un sueño-revelación, comienza cuando el protagonista, abatido por contratiempos laborales, se retira a descansar con la promesa de una mañana dedicada a recorrer los quais parisinos en busca de hallazgos bibliográficos. En la oscuridad de su cuarto, aparece un extraño anciano de aspecto demoniaco que comienza a examinar su biblioteca con desdén calculado. El visitante lo compele a acompañarlo en un descenso por las riberas del Sena donde operan los libreros de lance. Lo que sigue es una progresión hipnótica de compras forzadas. El demonio, con autoridad inexorable, lo obliga a adquirir libros cada vez más insensatos: volúmenes técnicos sobre pintura, historias tediosas, obras menores de autores olvidados. El protagonista comprende gradualmente que esta condenación expone las verdaderas raíces de la bibliofilia: aunque se presenta como noble cultivo literario, rebosa de los mismos vicios que asechan a cualquier obsesión humana. Asselineau caracteriza a diferentes arquetipos de coleccionistas: el cazador activo desconfiado de libreros rivales, el aficionado de los quais con genio de inventor y paciencia de hormiga, el erudito que rastrea procedencias históricas. En todos identifica los mismos impulsos: avidez, lujuria mental, orgullo, desprecio del prójimo. La genialidad de Asselineau radica en el neologismo libricidad—fusión de libro y lubricidad—que captura con precisión la voluptuosidad enfermiza de quienes coleccionan compulsivamente. Es una obra que burla con ternura la debilidad humana de los hombres de letras, sin perder su tono lúdico y mordaz.