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Una mujer desaparece en la madrileña cuesta de Moyano mientras regresa a casa después de una noche de trabajo. Su repentina ausencia desencadenará una investigación que revelará secretos enterrados en el seno de una respetable familia de…
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Una mujer desaparece en la madrileña cuesta de Moyano mientras regresa a casa después de una noche de trabajo. Su repentina ausencia desencadenará una investigación que revelará secretos enterrados en el seno de una respetable familia de clase alta. En el Madrid de 1968, entre libros de viejo y crímenes de sucesión, una trama de misterio y pasiones ocultas aguarda desentrañamiento.
Una noche de octubre de 1968, Eva desciende por la cuesta de Moyano hacia su hogar en el barrio de Salamanca. Es trabajadora sexual, profesión que hereda de su abuela y su madre, y que ejerce en una discreta casa de modas en Costa Fleming. Pero esa noche alguien la sigue. Lo que comienza como un encuentro en la penumbra entre las casetas de los libreros terminará en una desaparición que abrirá una grieta en la fachada de respetabilidad de un Madrid burócrata y provincial.
El asesino de los caramelos de violeta es una novela de misterio que arraiga profundamente en la tradición del crimen de sucesión británico —la novela de detectives clásica— pero la trasplanta al corazón del Madrid tardofranquista. Los personajes que emergen de sus páginas habitan un mundo de secretos bien guardados: Lucio Garza, médico respetabilísimo, padre de siete hijos y marido de Teresa; una familia de apellidos ilustres que aparenta normalidad burguesa mientras alberga intrigas más oscuras. Como las historias que Eva devoraba en El Caso, el periódico de sucesos que consumía durante sus horas muertas, la novela entrelaza crímenes de apariencia sencilla con motivaciones complejas.
La obra estructura su narrativa en cuatro estaciones —otoño, invierno, primavera, verano— que marcan el devenir de una investigación que atravesará domicilios, despachos legales, salas de cine y confesionarios. En el contexto de una España cerrada en sí misma, donde la vigilancia y la sospecha son moneda de cambio, donde los crímenes de pasión rivalizan con los de herencia, emerge una trama que cuestiona qué se oculta tras las cortinas de las casas respetables y qué precios pagan quienes guardan demasiados secretos.