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En septiembre de 2007, un joven administrativo en una constructora recibe una carta de una academia de oposiciones mientras intenta definir su futuro.
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En septiembre de 2007, un joven administrativo en una constructora recibe una carta de una academia de oposiciones mientras intenta definir su futuro. Así comienza este dietario que retrata, con humor ácido e ironía despiadada, el periplo de un veinteañero enfrentado a la pérdida de empleo y a la decisión de preparar oposiciones para profesor de inglés. A través de reflexiones sobre viajes de lujo, hipotecas fraudulentas y especulación inmobiliaria, la obra se convierte en un testimonio premonitorio de la crisis económica que estaba a punto de estallar.
Una carta de la academia de oposiciones llega sobre la mesa mientras se toma un café con leche. Es septiembre de 2007, y el joven protagonista acaba de perder su empleo como administrativo en una constructora. Así abre este dietario de Ángel Company Albert, que retrata con humor ácido e ironía despiadada la experiencia de quien se decide a preparar las oposiciones para profesor de secundaria de inglés en la antesala de la mayor crisis económica española contemporánea.
La obra va más allá del trámite de las oposiciones. A través de las reflexiones del narrador, conocemos su vida como vendedor de viviendas en una empresa constructora dedicada a la especulación inmobiliaria desenfrenada. Su voz es la de quien participa en una farsa sistémica pero la reconoce como tal: vende casas de mala calidad a extranjeros atraídos por promesas de inversión segura mientras sabe que el sistema estaba condenado al colapso. La novela retrata las contradicciones de la época: la ilusión de riqueza fácil contrapuesta a la realidad de un trabajo precario y sin futuro.
Intercaladas con las semanas de estudio, aparecen anécdotas del viaje de lujo a Punta Cana, un contraste deliberado entre el paraíso consumista del resort todo incluido y la miseria que rodea las playas caribeñas. El viaje, financiado con los esfuerzos de un año de trabajo vendiendo pisos hipotecados, deviene una metáfora de la propia crisis: vida de fantasía montada sobre un castillo de naipes.
La prosa de Company Albert combina escenas cotidianas con reflexiones sobre la naturaleza corrupta del sistema financiero, las hipotecas con intereses variables, los fondos de inversión y la complicidad de bancos, ayuntamientos y constructoras en la perpetuación de un fraude colectivo. El humor, a menudo sarcástico y desgarrador, sirve para desmenuzar críticamente una época de consumo desaforado. Es un testimonio premonitorio de la burbuja inmobiliaria, escrito desde dentro de la maquinaria que la alimentaba.
El dietario se posiciona en la tradición de la literatura de denuncia social española, pero con un tono singular: ni puramente testimonial ni completamente satírico, sino una mezcla volátil de rabia contenida, humor noir y lucidez sobre los mecanismos que regían la economía española en el umbral de su mayor crisis contemporánea.