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Una guía irreverente y satírica del arte de la seducción desde la perspectiva española. A través de anécdotas personales, referencias históricas de Don Juan a Zeus, y promesas de lecciones prácticas, Arturo Robsy ofrece un tratado cómico…
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Una guía irreverente y satírica del arte de la seducción desde la perspectiva española. A través de anécdotas personales, referencias históricas de Don Juan a Zeus, y promesas de lecciones prácticas, Arturo Robsy ofrece un tratado cómico sobre la sinvergonzonería romántica. Con tono picaresco y desenfadado, la obra explora cómo navegar el mundo de los romances con audacia, estilo y un toque de humor que critica tanto los códigos sociales como las propias pretensiones del conquistador moderno.
«Cómo ser un sinvergüenza con las señoras» es una obra satírica que combina la prosa picaresca con un análisis irreverente de la seducción. Arturo Robsy construye su tratado a partir de una premisa simple: compartir las “lecciones” de cómo conquistar mujeres con estilo, ingenio y una despreocupación que raya en lo absurdo.
El libro comienza con una memorable anécdota de playa: después de una sesión de karate, el narrador y sus amigos conocen a dos turistas inglesas. Mientras Felipe y Jorge intentan torpemente iniciar conversación, el protagonista ofrece su “consejo experto”: morder la oreja de la chica. Lo hace en público, la chica lo tolera, y de allí germina la idea de escribir un manual para las futuras generaciones.
Pero esta no es una guía ordinaria de seducción. Robsy enseguida se sumerge en un recorrido histórico del sinvergüenza a través de los siglos: desde Zeus y sus transformaciones mitológicas hasta Don Juan, pasando por los goliardos medievales, el Arcipreste de Hita, Hernán Cortés y una galería de conquistadores españoles. El propósito es doble: demostrar que la sinvergonzonería es una tradición honorable, casi un arte nacional, y cuestionar por qué España, sociedad supuestamente represiva, venera precisamente al Don Juan como arquetipo nacional.
El tono es desenfadado y cómico. Robsy distingue entre el “sinvergüenza” —pícaro romántico con estilo— y el “canalla” —quien abusa o explota—. Para ser un sinvergüenza exitoso, insiste, se necesita elegancia y, sobre todo, que sean las mujeres quienes comenten tus hazañas entre ellas. El éxito no se anuncia; se susurra.
Incluye anécdotas como la del médico ginecólogo tímido a quien el narrador “entrena” en las artes de la sinvergonzonería para mejorar su práctica profesional, demostrando satíricamente cómo la falsa fama de aprovechado puede convertirse en auténtico éxito. Un manifiesto picaresco que critica tanto las convenciones sociales como las pretensiones romanticidas del hombre contemporáneo.