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Un hombre desempleado, arruinado y desesperado decide matar al presidente de Timofónica como represalia por años de acoso burocrático. Con la ayuda de su amigo Muelas, planea un crimen ambicioso mientras ambos navegan los escombros de sus…
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Un hombre desempleado, arruinado y desesperado decide matar al presidente de Timofónica como represalia por años de acoso burocrático. Con la ayuda de su amigo Muelas, planea un crimen ambicioso mientras ambos navegan los escombros de sus vidas fracasadas. Una novela oscura que mezcla sátira social, absurdo existencial y criminalidad cotidiana.
Rodón es un hombre que fue alguna vez privilegiado: trabajaba en una embajada, tenía familia, vivía cómodamente. Pero en los últimos años, la vida se ha ensañado brutalmente con él. Perdió su empleo a manos de un ordenador, su mujer lo abandonó y sus hijos resultaron ser ingobernables. Ahora está en paro, vive en un piso vacío, se gasta el tiempo en tareas domésticas y recorta cupones de descuento. Su vecina, una mujer corpulenta de pisadas contundentes, lo atormenta día y noche.
En medio de esta ruina personal, un problema menor se ha convertido en la gota que colma el vaso: lleva seis meses intentando darse de baja de una línea fija de Timofónica, la compañía telefónica, y la empresa ha orquestado una estrategia sistemática de confusión burocrática que lo tiene al borde del colapso emocional. Llamadas sin respuesta, operadores que no ven su petición en el sistema, la exigencia de faxes que nadie mencionó, facturas que no cesan. Lo que podría parecer una incompetencia administrativa revela, para Rodón, una conspiración deliberada del presidente de la compañía: una extensión de todas las fuerzas maléficas que han destrozado su existencia.
Entoneces toma una decisión radical: matar al presidente de Timofónica. Se lo propone a su amigo Muelas, un personaje tan marginal y excéntrico como el propio Rodón. Muelas ha vivido todas las vidas posibles: soldado, limpiador, vigilante, vendedor de helados ambulante. Lleva un loro llamado Juan en su carrito de helados y predica consignas surrealistas. Mientras Rodón expone su plan de crimen meticuloso —secuestro, tortura sicológica, lanzamiento desde un helicóptero—, Muelas intercala anécdotas desquiciantes sobre sus propias obsesiones: cómo entran y salen las personas de las tiendas, la semántica de las servilletas de papel usadas, la gloria de contemplar su propio miembro en el espejo.
La novela es un viaje por los márgenes del colapso mental moderno. Cortal teje juntos los monólogos de ambos personajes, sus fracasos, sus obsesiones perversas y sus momentos de extraña lucidez. Bajo la premisa de un plan de asesinato cada vez más absurdo, emerge una crítica feroz a la alienación contemporánea, a los sistemas que deshumanizan, a la impotencia del individuo frente a corporaciones implacables. Es una novela que pregunta qué queda cuando todo se desmorona, cuándo la cordura es solo un punto de vista, y si la violencia es la única respuesta válida a un mundo que nos ha traicionado.