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Tristan, Duque de Shelbourne, necesita casarse urgentemente pero rechaza las jovencitas tontas que pueblan los salones de Londres. Desesperado, contrata a Tessa Mansfield, una inteligente casamentera, para que le encuentre la esposa…
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Tristan, Duque de Shelbourne, necesita casarse urgentemente pero rechaza las jovencitas tontas que pueblan los salones de Londres. Desesperado, contrata a Tessa Mansfield, una inteligente casamentera, para que le encuentre la esposa perfecta. Lo que ni uno ni otro esperaba es que mientras crean un concurso de candidatas, descubrirían que el verdadero amor crecía entre ellos. Cuando los besos robados revelan pasiones prohibidas, Tessa rompe la regla más importante de su profesión: nunca enamorarse del cliente.
En la bulliciosa Londres de 1816, Tristan James Gatewick, Duque de Shelbourne, se ve acorralado por las aspirantes a duquesa que pululan en los salones de baile. Declarado el soltero más codiciado de Inglaterra, el noble está harto de recoger pañuelos, guantes y abanicos de pretendientas que lo persiguen sin tregua. Con su trigésimo primer cumpleaños aproximándose y la necesidad urgente de asegurar un heredero, decide que ha llegado el momento de actuar. Sin embargo, se niega categóricamente a pasar el resto de su vida atado a una esposa insípida, carente de elegancia e inteligencia. Necesita una compañera que sea, además de respetable, verdaderamente refinada.
En medio de este caos matrimonial, conoce a Tessa Mansfield, una mujer extraordinaria disfrazada de casamentera. Inteligente, ingeniosa y sin pretensiones, Tessa posee lo que muchas nobiliarias carecen: un espíritu vivaz y una mente perspicaz. Aunque al principio la confunde con una de sus perseguidoras, Tristan descubre que ella no busca atraparlo para sí misma, sino que su profesión consiste precisamente en emparejar a otros. Fascinado por su singularidad y convencido de que ella podría conseguir lo que él no ha podido hallar, Tristan le propone un trato: contratar sus servicios para orquestar un concurso en el que pueda elegir la novia ideal.
Lo que comienza como un arreglo comercial se transforma en algo inesperado. Mientras Tessa se dedica meticulosamente a encontrarle pareja, el duque y la casamentera descubren una conexión que va mucho más allá de la profesionalidad. Los momentos compartidos durante la búsqueda, los diálogos cargados de ironía y las miradas furtivas revelan una química innegable. Los besos robados que sellan sus encuentros no dejan lugar a dudas: el deseo es mutuo y profundo. Tessa, quien siempre se ha mantenido firme en la regla más sagrada de su oficio—nunca enamorarse del cliente—, se ve consumida por sentimientos que no puede controlar.