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Un plomero especializado en detectar filtraciones sin evidencia física se cruza con una artista plástica invisible para el mundo. En pueblos de provincia argentina, donde los sonidos sin rastro material cobran existencia propia, ambos…
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Un plomero especializado en detectar filtraciones sin evidencia física se cruza con una artista plástica invisible para el mundo. En pueblos de provincia argentina, donde los sonidos sin rastro material cobran existencia propia, ambos personajes habitan vidas marcadas por la soledad y la imposibilidad de ser escuchados. Una novela que explora cómo la falta de reconocimiento y las presencias ocultas moldean las relaciones humanas.
En el cierre solitario de una exposición, una artista plástica descuelga su obra ante un público que nunca llegó, luego se cuelga del tornillo que la sostenía en la pared. Esta imagen desoladora marca el tono de Clara y confusa, la novela ganadora del 42.º Premio Herralde que Cynthia Rimsky construye como una arqueología de los invisibles.
La trama sigue a un plomero de pueblos pequeños de provincia argentina que se especializa en detectar lo que nadie más logra ver: filtraciones fantasmas. Sonidos de agua corriendo donde no hay evidencia física de rotura. Clientes que oyen llorar a una medianera sin mancha, humedad ni grieta visible. Es el oficio que le enseñó Ovidio, su mentor, una lección de escucha profunda que va más allá de lo evidente, más allá de la interpretación conveniente.
Cuando el plomero acude a Vallesta para investigar uno de esos ruidos inexplicables, se cruza con la artista fallida durante una tormenta. Ella conduce un viejo Datsun con torpeza, él la guía a través del diluvio sin criticarla. Así comienza una cercanía que habla de cómo dos personas invisibles para la sociedad pueden reconocerse mutuamente.
Pero hay otra capa: llamadas telefónicas misteriosas que llegan al teléfono fijo heredado de la madre del plomero. Alguien que marca insistentemente. Alguien llamado Clara, quizás. Cinco años de llamadas que el protagonista ha aprendido a tolerar, incluso a necesitar. La novela se teje entre estos hilos: la imposibilidad de ser visto, la presencia que persiste sin explicación, los sonidos que revelan verdades que las paredes ocultan.
Rimsky sitúa su relato en la tradición del realismo rioplatense contemporáneo, pero lo atraviesa con una poesía de lo ordinario, con una antropología de los pueblos de provincia que rechaza el pintoresquismo. Los detalles de la siesta argentina, la arquitectura de casas pareadas, el funcionamiento de un centro cultural tercermundista, todo cobra una densidad narrativa que vuelve significativo lo aparentemente insignificante.
Clara y confusa es una novela sobre el deseo de ser escuchado, sobre cómo la vulnerabilidad genera conexiones más profundas que el reconocimiento social, y sobre la importancia de aprender a escuchar más allá de lo que creemos estar oyendo.