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En las oscuras tinieblas del espionaje internacional, Clifford Hempsey, agente del C.I.A., se convierte en víctima de una trama diabólica. Torturado con pentotal sódico, revela las claves de una instalación militar.
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En las oscuras tinieblas del espionaje internacional, Clifford Hempsey, agente del C.I.A., se convierte en víctima de una trama diabólica. Torturado con pentotal sódico, revela las claves de una instalación militar. Impostores utilizan su identidad para infiltrarse, robar los planos secretos y asesinar al ingeniero Bruce Farlow. Cuando Hempsey recupera la conciencia, enfrenta acusaciones de traición. Sin clemencia, debe confrontar el veredicto más cruel: ser condenado por crímenes ajenos mientras su voluntad fue anulada por la química del interrogatorio.
La noche del dos de febrero de mil novecientos cuarenta y ocho, en una habitación sumida en penumbras, hombres siniestros administran pentotal sódico a Clifford Hempsey, agente de élite del C.I.A. Con la droga corriendo por sus venas, Hempsey revela información vital que estos criminales necesitan: la contraseña para acceder a la casa fortificada de Moyen Street, los nombres de sus contactos, la hora de sus encuentros.
La casa alberga a Bruce Farlow, brillante inventor que durante cinco años ha perfeccionado un invento revolucionario: un sistema de turbina atómica capaz de contener y regenerar la energía nuclear sin irradiar peligrosa radioactividad. Sus planos son de valor incalculable para cualquier potencia internacional.
Armados con la información extraída del agente torturado, los espías montan una operación de precisión diabólica. Suplantando identidades oficiales, atraviesan cada punto de control con documentación falsa, pronuncian la contraseña correcta, pasan los cacheos, ascienden donde Farlow trabaja. Lo que sucede es violencia precisa: Jim, el mayordomo, es derribado con un puñetazo silencioso. Bruce Farlow es estrangulado con un cordón de seda. Los criminales descienden con los planos secretos y escapan.
Pero el crimen deja rastros inevitables. El verdadero capitán Frank Moonwey yace en el río Harlem. El verdadero inspector Clifford Hempsey es descubierto semi-inconsciente, cubierto de heridas y desorientado. La máquina policíaca de los Estados Unidos se activa: la nación está en peligro.
Hempsey es trasladado a las oficinas centrales del C.I.A. en Nueva York, donde lo espera Bart Wellhooker, director-jefe de la División de Choque. Ambos hombres conocen la verdad científica: bajo pentotal sódico, un agente revelará secretos que ni el dolor lograría extraer. Pero la conclusión política es ineludible. Hempsey era el único que conocía los detalles de la operación. Fue encontrado con heridas de tortura. Ha cometido traición.
Se extiende la orden de prisión. Se fija el juicio. En el espionaje, la debilidad es un lujo que nadie puede permitirse. Aunque Hempsey fue víctima de tortura química, aunque su mente fue violada por la ciencia criminal, la ley de hierro del C.I.A. dicta que ningún agente debe hablar bajo ninguna circunstancia. Su destino está sellado, pero mientras sale del despacho, su amigo de toda la vida lo persigue gritando. Algo aún queda por decirse en las sombras de la noche.