Libros
Tras regresar de la guerra con una pierna mutilada, John Fleming arrastra una profunda amargura y desprecio por la humanidad. Trabajando en la Editorial Moeran en Chicago, intenta mantener una vida anodina lejos del tumulto, pero encuentra…
Formatos disponibles
Tras regresar de la guerra con una pierna mutilada, John Fleming arrastra una profunda amargura y desprecio por la humanidad. Trabajando en la Editorial Moeran en Chicago, intenta mantener una vida anodina lejos del tumulto, pero encuentra en Beatrice Kennedy una presencia que amenaza con quiebrajar sus defensas, mientras un mundo de colegas mediocres y codiciosos lo rodea sin entender el abismo de dolor que carga.
John Fleming es un veterano de la Primera Guerra Mundial que regresa a la vida civil con una pierna derecha mutilada, obligado a desplazarse con bastón. Su lesión no es tan solo física; la verdadera herida es la que la guerra grabó en su alma: los campos de concentración, la brutalidad humana, el miedo y el odio que presencia a diario en una sociedad que pretende haber olvidado la contienda.
Radicado en Chicago, Fleming trabaja como redactor ayudante en las Publicaciones Moeran, una editorial que publica novelas populares de detectives, historias de amor y relatos del Oeste. Fue la literatura la que lo salvó del abismo cuando, destrozado por el rechazo de su prometida Maisie —quien lo abandonó al verlo lisiado—, vivió sumido en la bebida y el desamparo. Ahora, con mil ochocientos dólares anuales que lo mantienen apenas a flote, Fleming se aferra a un empleo sedentario en una oficina abarrotada de originales.
En la Editorial Moeran, bajo la dirección férrea de Peter J. Moeran, un hombre que antepone la productividad a toda consideración humana, Fleming se debate entre mantener la distancia y una gravitación inevitable hacia Beatrice Kennedy, una directora de publicaciones femeninas de inteligencia, belleza y carácter decidido. Con ella ha paseado varias veces en dos años, y en cada encuentro siente cómo las barreras de su misantropía se erosionan peligrosamente.
Rodeado de colegas mediocres y calculadores —George Gay, Letty Bird, Mark Dodsworth—, Fleming lucha contra la convicción de que todos los seres humanos son fríos, egoístas y movidos únicamente por la avidez. Su posición como ayudante lo coloca en una jerarquía que no respeta ni comprende su condición; la pena ajena se le presenta como ofensa, la compasión como humillación. Cuando es convocado a una reunión de dirección de la editorial, Fleming ignora aún que ese día marcará el inicio de transformaciones que lo obligarán a confrontar sus propias certezas sobre la naturaleza humana y el precio del odio sostenido.