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Cinco sobrinos se reúnen en la mansión familiar para la lectura del testamento de su tío Paul Moore. Seis meses atrás, su esposa Marta fue envenenada en un acto que claramente señalaba al asesino entre ellos.
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Cinco sobrinos se reúnen en la mansión familiar para la lectura del testamento de su tío Paul Moore. Seis meses atrás, su esposa Marta fue envenenada en un acto que claramente señalaba al asesino entre ellos. Bajo la bruma perpetua de Fostermann, rodeados de lagos pantanosos y sirvientes enigmáticos, cada uno de los herederos mira a los demás con desconfianza. La herencia promete ser monumental, pero antes alguien debe enfrentar la verdad: entre ellos se oculta un asesino.
Paul Moore ha fallecido dejando una fortuna de quinientas mil libras. Su esposa Marta, quien acababa de heredar trescientas mil de su abuelo materno, convenció a su marido para que legara su dinero a los cinco sobrinos. Fue una decisión que se selló con champán, pero el destino tenía otros planes.
Durante la cena de celebración del nuevo testamento, Marta cayó envenenada. El tóxico había sido vertido en la copa destinada a Paul, pero ella, en un gesto de cariño, intercambió las copas con su marido. El asesino no previó este acto de amor, y el destino se burló de sus planes.
Seis meses después, la mansión de Fostermann vuelve a abrir sus puertas. Rodeada de aguas cenagosas y bruma perpetua, la antigua residencia se alza como un castillo de misterios. Melissa y Diana, hermanas de temperamentos opuestos, arriban junto a sus primos Bernard, Michael y Dennis. Nadie confía en nadie. Cada heredero sabe que uno de sus compañeros es un asesino.
En el despacho-biblioteca, donde arde una chimenea y se amontonan los libros, la tensión crece. Fred Dorwell, secretario particular del difunto, aparece mencionado en el testamento, avivando aún más los recelos. Y los sirvientes jorobados parecen seguir un plan deliberado del fallecido, como si Paul Moore hubiera orquestado desde su tumba una última prueba para sus herederos.
La lectura del testamento revelará más que un reparto de fortunas: descubrirá la identidad del asesino o condenará a todos a vivir bajo la sombra de la culpa.