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La Casa Grande de Chacras de Coria es el eje de la historia de los Cerutti, familia de viticultores italianos cuyo viaje desde Borgomanero hasta Mendoza encarna el sueño americano transformado por la historia política argentina.
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La Casa Grande de Chacras de Coria es el eje de la historia de los Cerutti, familia de viticultores italianos cuyo viaje desde Borgomanero hasta Mendoza encarna el sueño americano transformado por la historia política argentina. A través de esta mansión, la obra teje generaciones, tradiciones, riqueza familiar y el impacto devastador de la última dictadura militar, cuando dos de sus miembros son secuestrados y desaparecidos. Un testimonio de memoria, tradición y resistencia.
La Casa Grande de Chacras de Coria es mucho más que una propiedad: es el corazón de la historia de los Cerutti, familia de inmigrantes italianos cuyo devenir en Argentina abarca desde el sueño pionero hasta la catástrofe histórica.
La narración comienza con Manuel, campesino de Borgomanero que desembarca en Buenos Aires en 1885, huyendo de la pobreza. Trabajador incesante, se convierte en pionero de la vitivinicultura moderna de Mendoza, acumulando viñedos, prestigio y riqueza. En 1924 adquiere la Casa Grande, mansión que reproduce el modelo de las villas pompeyanas, transformándola en símbolo de prosperidad familiar. Su construcción y jardines reflejan el anhelo de recrear Italia en América, un paraíso doméstico que albergaría celebraciones legendarias.
La obra teje múltiples capas de la vida italomendocina: anécdotas de Manuel y su esposa Angelina, costumbres arraigadas, dialecto italiano mezclado con castellano, los risottos al azafrán que solo la hija María podía servirle perfectamente, fiestas que reunían a ochenta comensales, el champagne Pommery que él mismo importaba. También retrata los conflictos hereditarios tras su muerte, cuando los bienes acumulados generan litigios familiares que requieren administrador externo.
Pero la historia se quiebra abruptamente. En la madrugada del 12 de enero de 1977, durante la última dictadura militar argentina, hombres armados irrumpen en la Casa Grande. Secuestran a Victorio Cerutti, nieto de Manuel, y a su yerno Omar Masera. Ambos son trasladados a la ESMA, centro clandestino de detención de la marina militar, donde son torturados y finalmente desaparecidos. La familia es forzada a vender la propiedad bajo presión paramilitar.
La Casa Grande cambia de manos, casi es demolida para construir un supermercado, pero la resistencia comunitaria la salva. En 1998 es declarada Patrimonio Histórico provincial. El 4 de diciembre de 2014, el Estado Nacional la expropía para convertirla en Archivo Nacional de la Memoria. La autora testifica luego en los juicios contra los responsables, llevando la Casa Grande proyectada en las paredes como testigo de memoria. La mansión que fue paraíso familiar se transforma en monumento a la memoria histórica.