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Un excoronel de la Fuerza Aérea iraní, exiliado en San Francisco, vive una vida de contraste brutal: días recogiendo basura en las calles de la ciudad mientras sueña con recuperar su antiguo estatus.
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Un excoronel de la Fuerza Aérea iraní, exiliado en San Francisco, vive una vida de contraste brutal: días recogiendo basura en las calles de la ciudad mientras sueña con recuperar su antiguo estatus. Entre recuerdos de esplendor perdido y la precaria realidad económica, Massoud Amir Behrani busca una segunda oportunidad que le permita restaurar el honor y la prosperidad que una vez poseyó en su patria.
En las calles de San Francisco, bajo el ardiente sol de agosto, Massoud Amir Behrani trabaja recogiendo basura junto a una cuadrilla de hombres de diferentes orígenes. Sus compañeros lo llaman Camello porque, siendo persa, soporta el calor mejor que los chinos, panameños y vietnamitas que comparten su faena diaria. Lo que nadie en esa cuadrilla sabe es que Behrani no siempre fue un trabajador manual: fue coronel de las Fuerzas Aéreas Imperiales de Irán, un hombre de estatus, educación y poder que viajaba en Mercedes-Benz y tenía criados.
La revolución iraní lo exilió de su país junto con su familia. Hace cuatro años llegó a Estados Unidos con ahorros de doscientos ochenta mil dólares, convencido de que su experiencia, sus certificaciones profesionales y su educación le permitirían encontrar rápidamente un empleo digno en la industria aeronáutica californiana. Pero ese sueño nunca se materializó. A pesar de sus trajes franceses, sus zapatos italianos y sus múltiples candidaturas, las grandes empresas le cerraron las puertas.
Mientras esperaba ese trabajo que nunca llegó, su esposa Nadereh insistió en mantener las apariencias de su anterior vida. Era necesario vivir en un edificio carísimo junto a otros persas acaudalados, necesario amueblar el apartamento con lujos, necesario que su hija Soraya tuviera el mejor hastegar, la ceremonia de presentación nupcial. Los gastos se acumularon imparables: ciento cuarenta mil dólares en cuatro años de alquiler, decenas de miles más en mantener una imagen de prosperidad que ya no poseían.
Ahora, después de que Soraya se ha casado, quedan apenas cuarenta y ocho mil dólares. Su hijo necesitará ese dinero para la universidad. Sin embargo, en el periódico matutino, mientras come arroz junto a Tran, un compañero vietnamita que trabaja con dignidad silenciosa, Behrani descubre anuncios de propiedades embargadas en venta. Ve en ellas una oportunidad, una posible redención. Quizás comprando propiedades destrozadas, rehabilitándolas y vendiéndolas, pueda recuperar lo que ha perdido. Quizás pueda volver a ser coronel, aunque sea solo en su mente.
Con la cabeza quemada por el sol y los ojos enfocados en las páginas de anuncios clasificados, Massoud Amir Behrani comienza a soñar de nuevo. No con regresar a Irán —pues su nombre figura en listas de personas marcadas para ser fusiladas— sino con una oportunidad americana de redención que le permita restaurar el honor y la prosperidad que una vez poseyó.