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Felicia Bennington regresa a su apartamento en Pasadena tras el funeral de su madre, una pérdida que la deja completamente sola en el mundo. Encuentra su hogar en desorden y sospecha de un intruso durante el terremoto que sacudió la ciudad.
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Felicia Bennington regresa a su apartamento en Pasadena tras el funeral de su madre, una pérdida que la deja completamente sola en el mundo. Encuentra su hogar en desorden y sospecha de un intruso durante el terremoto que sacudió la ciudad. Cuando acusa a un desconocido que aparece en su puerta, descubre que es su vecino del apartamento de abajo. Lo que comienza como un malentendido marcará el inicio de un encuentro inesperado.
Felicia Bennington es una joven diseñadora de carrozas para la célebre Rose Parade de Pasadena, cuya trayectoria profesional promete un brillante futuro en su industria. Sin embargo, cuando regresa a casa tras asistir al funeral de su madre, toda ambición y logro palidecen ante una soledad devastadora que la envuelve. Huérfana de padre desde hace años y ahora sin madre, se enfrenta a una realidad que la aterroriza: está completamente sola en el mundo. El apartamento que la recibe en Pasadena no es sino un refugio temporal, comprado a costa de vender la casa familiar tras las facturas médicas de la enfermedad de su madre. Al cruzar el umbral, descubre que algo ha ocurrido: sus pertenencias están desparramadas, los cajones vaciados, su ropa íntima esparcida por la habitación en aparente desorden. ¿Ha sido obra del terremoto que minutos antes había sacudido la ciudad? ¿O alguien aprovechó el caos para forzar su puerta? Cuando los agentes de policía llegan, muestran poco interés en sus acusaciones. Sospechan que la magnitud del temblor y su estado emocional le juegan una mala pasada. Entonces, mientras los policías se retiran, aparece un hombre desconocido: el mismo que horas antes ayudó a su vecina Lila a abrir su puerta. Felicia, convencida de haber identificado al responsable, lo acusa sin dudarlo. Pero él niega todo, y cuando la policía examina su bolsa de deportes, solo encuentra ropa de hombre y ninguna evidencia de robo. Lo que sigue es un breve intercambio que revela la identidad del hombre: no es un intruso, sino su vecino del apartamento cinco.