Libros
Una historia de Inglaterra desde sus orígenes sajones hasta el presente que recorre más de mil quinientos años de transformaciones políticas, guerras y revoluciones.
Formatos disponibles
Una historia de Inglaterra desde sus orígenes sajones hasta el presente que recorre más de mil quinientos años de transformaciones políticas, guerras y revoluciones. Simon Jenkins traza el devenir de una nación forjada en la tensión entre el poder monárquico y las aspiraciones populares, desde las invasiones germánicas del siglo V hasta la construcción del imperio británico y su declive contemporáneo. Un relato que revela cómo los conflictos, las reformas y los cambios sociales configuraron una forma de gobierno que se convertiría en la más estable de Europa.
Esta obra mayor de Simon Jenkins constituye una reconsideración profunda de la identidad y el desarrollo histórico inglés, ubicándola como un país con características propias y distintas del resto de Gran Bretaña. El relato comienza en el año 410, cuando el imperio romano se retira de Britania, dejando a sus colonos vulnerables ante las invasiones germánicas que transformarían radicalmente el mapa político y cultural de la isla.
A través de una narrativa que enfatiza las cadenas causales que explican el presente, Jenkins examina cómo las sucesivas olas de conquista —sajones, vikingos, normandos— lejos de borrar por completo las culturas previas, se integraron en un tejido social que mantendría características propias. La tensión fundamental que estructura su análisis es la existente entre la autoridad monárquica de tradición normanda y la resistencia popular de raíces sajonas, conflicto que generaría tanto violencia como los grandes marcos institucionales que definieron a Inglaterra: la Carta Magna, el Parlamento, la monarquía constitucional.
La obra avanza por momentos cruciales: las guerras dinásticas medievales, las revoluciones religiosas de los Tudor y Estuardo, la transformación de una isla insular en potencia imperial que dominaría los mares durante dos siglos. Jenkins sitúa estas transformaciones dentro de contextos geográficos, económicos y sociales amplios, mostrando cómo la geografía insular proporcionó a Inglaterra tanto seguridad como vocación marina, factores que condicionaron su desarrollo político y su expansionismo global.
El libro finaliza con el siglo XX, cuando la supremacía británica cede ante su antiguo vástago estadounidense, y cuando la identidad inglesa se enfrenta a paradojas contemporáneas: ser miembro simultáneo de confederaciones supranacionales y, al mismo tiempo, pretender definirse como entidad histórica distintiva. Jenkins reivindica el derecho de Inglaterra a una narrativa propia, alejada del cosmopolitismo imperial pero también de los tintes xenófobos que la extrema derecha ha contaminado.