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Una reflexión sobre Barcelona en treinta años de transformación. Ferran Mascarell, historiador y gestor cultural, vincula la historia de la ciudad entre 1977 y 2007 con los treinta años de la editorial Gedisa.
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Una reflexión sobre Barcelona en treinta años de transformación. Ferran Mascarell, historiador y gestor cultural, vincula la historia de la ciudad entre 1977 y 2007 con los treinta años de la editorial Gedisa. La obra propone que una ciudad, como proyecto colectivo consciente, puede construir su propio futuro a través de la cultura y la política democrática. Un estudio sobre la capacidad de las ciudades para reinventarse.
Barcelona y la modernidad presenta el relato de la transformación de la ciudad condal en el período de transición que abarca tres décadas: desde 1977, año de la democratización española, hasta 2007. Ferran Mascarell, historiador vinculado a la gestión cultural de Barcelona, propone esta obra como contribución a los treinta años de existencia de la editorial Gedisa, nacida en Barcelona en 1977, el mismo año en que comienza el relato.
La obra reivindica la ciudad que cerró el ciclo moderno en tiempos posmodernos. Comienza con un exhaustivo análisis enciclopédico de Barcelona en 1977: su geografía mediterránea, su población densa de casi dos millones de habitantes, su economía basada en un sector industrial envejecido pero aún competitivo, y su contexto político de reciente transición a la democracia.
El autor traza una larga historia de la ciudad, desde sus orígenes remotos hasta 1977, destacando su continuidad como capital económica y cultural de Cataluña, su papel como potencia medieval en el Mediterráneo, su industrialización decimonónica y su capacidad histórica de reinvención, siempre caracterizada por una dinámica sociedad civil y una inclinación de sus habitantes hacia la modernidad.
La obra sostiene que la ciudad, en 1977, vive una inequívoca ilusión de cambio social y político. Sus ciudadanos confían en la democracia como instrumento para el bien común. La sociedad barcelonesa se reconoce por su creatividad extrema y su capacidad para transformar su realidad urbana, incluso en contraste con el abandono urbanístico y la crisis económica del momento.
El relato propone que la ciudad es un proyecto humano consciente y colectivo. Mascarell sugiere que Barcelona, en sus treinta años de transición democrática, ejemplifica cómo una ciudad puede construir deliberadamente su porvenir mediante la integración de política, cultura y participación ciudadana.