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Estudio histórico del fracaso de la democracia institucional argentina entre 1955 y 1966. Tras la caída de Perón, la proscripción del peronismo generó un sistema político dual donde instituciones parlamentarias coexistían conflictivamente…
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Estudio histórico del fracaso de la democracia institucional argentina entre 1955 y 1966. Tras la caída de Perón, la proscripción del peronismo generó un sistema político dual donde instituciones parlamentarias coexistían conflictivamente con modalidades extrainstitucionales. La obra examina cómo las divisiones internas del antiperonismo respecto a erradicación y modelos económicos debilitaron la capacidad civil de contener el creciente autoritarismo militar que progresivamente socavó el régimen democrático.
Autoritarismo y democracia analiza el período crítico 1955-1966, cuando Argentina experimentó sucesivos fracasos en construir un régimen democrático estable. Tras la insurrección que derrocó a Perón, el país vivió un patrón de convulsión institucional permanente: golpes de Estado, regímenes militares provisionales y obstáculos constantes al orden constitucional.
El análisis se enfoca en la proscripción del peronismo como actor político legítimo. Aunque justificada como medida democrática contra lo que se tachaba de dictadura totalitaria, produjo efectos paradójicos: fracturó la representación política al excluir a un tercio o mitad de la ciudadanía, creando un sistema político fundamentalmente dual. En él, mecanismos parlamentarios convivían conflictivamente con modalidades extrainstitucionales de lucha política. La clase obrera, organizada principalmente en torno al sindicalismo peronista, quedó privada de representación institucional, viéndose obligada a ejercer presión mediante acciones extrainstitucionales. Inversamente, sectores burgueses y de clase media conservaban acceso privilegiado tanto a canales parlamentarios como estatales.
Las contradicciones internas del bloque antiperonista resultaron cruciales. La unidad de 1955 se desmoronó al llegar el momento de ejercer poder estatal. Dos ejes divisivos emergieron: el grado de integración o erradicación del peronismo, y el modelo económico alternativo. La obra identifica tres corrientes políticas: el populismo reformista, que mantenía el compromiso entre clases buscando corregir desequilibrios; el desarrollismo, que apostaba a profundización industrial con ajustes redistributivos; y el liberalismo, que cuestionaba el proteccionismo estatal y propugnaba apertura de mercados. Estas no eran divisiones técnicas sino visiones contradictorias sobre costos de transformación económica.
Simultáneamente, los militares evolucionaron desde su autoproclamado rol democrático hacia posturas crecientemente autoritarias, creando tensiones con los partidos políticos. Las fuerzas armadas ampliaron progresivamente su intervención hasta asumir explícitamente el objetivo de eliminar prácticas democráticas y parlamentarias. El legado de este período turbulento marcó profundamente la política argentina posterior.