Libros
Sebastián vive encerrado en su propia soledad, asediado por males físicos que atribuye a una frustración existencial sin fin. Atrapado en una celda blanca, entre dolor y tedio, lucha contra su compulsión por la comida, sus obsesiones…
Formatos disponibles
Sebastián vive encerrado en su propia soledad, asediado por males físicos que atribuye a una frustración existencial sin fin. Atrapado en una celda blanca, entre dolor y tedio, lucha contra su compulsión por la comida, sus obsesiones intelectuales y el abismo de la desesperanza que lo acecha en cada siesta. Una meditación brutal sobre la prisión interior del ser humano.
En ‘Asesino Justo’, Martín Pedraza retrata con crudeza la vida interior de Sebastián, un hombre recluido cuya prisión es tan mental como física. Atrapado en una celda blanca, Sebastián vive una existencia plagada de molestias corporales —cervicales doloridas, acidez crónica, bruxismo emergente, estreñimiento pertinaz— que él obsesivamente conecta con una frustración emocional sin fin. Para Sebastián, cada síntoma es la manifestación de un alma aún no reconciliada, de un cuerpo que grita lo que la mente calla.
Tras años como periodista en Andalucía, donde ganó un premio de prensa, Sebastián regresó a Galicia tras un desamor que lo quebró completamente. Entre empleos precarios y humillantes, entre parejas que nunca cuajaron y una soledad que se profundiza cada año, desarrolló una teoría personal según la cual todos sus males están interconectados por una sola causa: la ausencia de estabilidad emocional. Como una arquitectura gótica regida por módulos matemáticos que él estudió en la universidad, su cuerpo y su mente responden a una lógica inexorable de sufrimiento.
Su relación con la comida es tanto síntoma como causa. Come compulsivamente desde el tedio, buscando en la comida una droga que lo consuela brevemente pero lo daña profundamente. Sabe, con certeza terrible, que es prisionero de un círculo vicioso: soledad genera tedio, tedio genera compulsión, compulsión genera culpa y malestar físico, y el malestar físico lo devuelve al aislamiento. Ha intentado construir rutinas disciplinadas, talleres de manualidades, actividades, entretenimiento estructurado, pero el tedio, con la paciencia de un enemigo invencible, siempre termina ganando.
Martín Pedraza escribe con una franqueza incómoda sobre lo corporal, lo desagradable, lo que la literatura prefiere ignorar. Analiza las heces como ventana al carácter, explora el bruxismo como expresión corporal de la ansiedad, disecciona los mecanismos neuróticos de la dependencia alimentaria. No hay romantización ni piedad en su mirada. ‘Asesino Justo’ es una meditación cruda sobre cómo la frustración existencial se encarna en el cuerpo, cómo la soledad mata lentamente, cómo un intelectual puede convertirse en pelele de sus circunstancias. Dedicado a los que sufren la maldad del prójimo, es el grito desgarrado de alguien que aún lucha, aunque cada día sea más difícil no rendirse.