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En una barraca de prisioneros de guerra en la primavera de 1945, el mayor Stevan Radovanović despierta visitado por una aparición: Veronika, su mujer, quien lo abandonó años atrás en Maribor.
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En una barraca de prisioneros de guerra en la primavera de 1945, el mayor Stevan Radovanović despierta visitado por una aparición: Veronika, su mujer, quien lo abandonó años atrás en Maribor. Entre la ruina del Reino de Yugoslavia y el colapso del ejército real que comandaba, Radovanović rememora su encuentro con ella en Ljubljana, donde fue instructor de equitación, y el lento desmoronamiento de su mundo: el honor militar, la patria, el amor perdido y la dignidad que le fue arrebatada junto con sus armas.
La novela abre en el interior de una barraca del campo de prisioneros de Palmanova, en la primavera de 1945. El oficial de caballería Stevan Radovanović, despierto mientras sus compañeros duermen con pesados estertores, recibe la visita espectral de Veronika, la mujer que lo abandonó siete años atrás en Maribor. Ella aparece como lo hacía entonces, inquieta, insomne, vagando sin destino; su voz profunda y ausente es la que había desaparecido del recuerdo, más difícil de recuperar que su imagen. En el lapso de esta breve visita nocturna, Radovanović comprende que no puede retenerla, que ella no puede quedarse: tampoco entonces pudo quedarse en Maribor, ahora menos aún en este campo donde descansa un ejército desarmado.
La aparición desata un viaje a través de la memoria del oficial. Siete años atrás, Radovanović era trasladado a Ljubljana como comandante de caballería de la División del Drava, en tiempos en que Yugoslavia reforzaba sus fronteras norte. Fue por encargo del mayor Ilić que se convirtió, contra su voluntad, en instructor para una dama joven: Veronika, esposa de un hombre adinerado y refinado. Su encuentro junto al caballo inglés Lord marca el comienzo de una tensión irresuelta: la colisión entre la rígida disciplina militar y la devoción al honor regio frente a una mujer que cuestiona la insensatez de lanzar seres libres a la guerra.
Radovanović es un oficial modelo: examinado con sobresaliente, experto jinete, comandante que lidera desde el frente, que exige de sus hombres lo que exige de sí mismo. Su vida es el ejército, los caballos, el cuartel. La orden es sagrada, el honor debe subordinar cualquier dolor personal. Cuando Veronika se fue de Maribor, pensó que era el fin del mundo; pero entonces aún tenía la patria, el ejército, el sentido de una gran misión. Ahora, en 1945, mirándose en un espejo roto en la barraca, descubre que todo aquello era apenas un pequeño dolor en comparación con el naufragio que ha llegado.
La primavera del 45 marca el colapso definitivo. El Reino de Yugoslavia ha caído. El ejército real, sin armas tras ser desarmado por sus propios aliados ingleses, sigue izando la bandera cada mañana en un gesto de dignidad fusilada. Los oficiales han perdido incluso los revólveres sin municiones que les habían dejado en señal de honor. No son ya un ejército, sino restos de un mundo que se desmorona: la gloria de la caballería, la dinastía serbia, la patria. Radovanović contempla su propio rostro en el espejo: ojeras de insomnio, dientes faltantes, labios partidos. ¿Habrá podido reconocerlo Veronika? ¿Es aún él?
Esta novela entrelaza dos catástrofes simultáneas: la histórica, la caída de Yugoslavia y la clausura de un mundo monárquico, y la personal, la ruptura amorosa consumada. Radovanović encarna la tragedia de una generación atrapada entre deberes sin sentido y la inevitable confrontación con sus sacrificios. La aparición de Veronika, al modo de la tradición centroeuropea, explora el arrepentimiento, la pérdida de identidad y la búsqueda imposible de reconciliación.