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El 22 de diciembre de 2012, cuando el calendario maya marca el fin de un ciclo, Pietro di Greco, obispo en Barcelona, recibe una llamada inquietante de su sobrino Juan desde El Salvador.
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El 22 de diciembre de 2012, cuando el calendario maya marca el fin de un ciclo, Pietro di Greco, obispo en Barcelona, recibe una llamada inquietante de su sobrino Juan desde El Salvador. El joven sacerdote asiste a una ceremonia maya en las ruinas de Tazumal, donde miles de personas esperan una señal del cielo. Entre volcanes activos, temblores de tierra y rituales ancestrales, comienza un relato donde antiguas profecías y la fe moderna convergen en un instante transformador.
El 22 de diciembre de 2012, Pietro di Greco, obispo en Barcelona, recibe una llamada angustiada de su sobrino Juan desde El Salvador. El joven sacerdote no está en su misión de Ahuachapán, sino en Tazumal, las ruinas de un asentamiento maya donde miles de personas se congregan para presenciar el fin del ciclo milenario del calendario maya.
Juan ha viajado a Tazumal con sus amigos Ana, ingeniera de telecomunicaciones; Carlos, su conductor; y Teresa, la esposa de Carlos, una mujer chamán de notable poder espiritual. Lo que esperaba ser un acto discreto se revela como algo extraordinario: más de cinco mil personas se reúnen en torno a los templos mayas, casi un centenar de sacerdotes y chamanes mayas diferenciados solo por cintas amarillas, esperan distribuidos en círculos sagrados, orientados hacia el amanecer.
Los signos de lo extraordinario se suceden sin tregua. El volcán Llamatepec, dormido durante años, despierta lanzando columnas de humo. La tierra tiembla bajo los pies de los viajeros. Las luces de la ciudad se extinguen misteriosamente. El ambiente es de expectación reverencial y silencio sepulcral a pesar del gentío.
Pietro, escéptico, intenta ordenar a su sobrino que abandone la aventura. Pero los eventos se aceleran más allá de toda previsión. Juan, dudoso de la profecía pero abierto a lo extraordinario, se encuentra atrapado entre la fe católica que profesa y la sabiduría ancestral de los pueblos originarios. En Tazumal, cuando el calendario maya marca el fin de un ciclo, antiguas profecías y fe moderna convergen. Las ruinas se convierten en escenario de un encuentro donde signos naturales, rituales olvidados y expectativas milenarias se entrelazan.