Libros
Verano de 2016: en el paseo marítimo de Hermosa Beach, un escritor observa a un orador nacionalista rodeado de seguidores entre turistas y activistas.
Formatos disponibles
Verano de 2016: en el paseo marítimo de Hermosa Beach, un escritor observa a un orador nacionalista rodeado de seguidores entre turistas y activistas. Esta imagen incómoda condensa el propósito de la obra: analizar cómo emprendedores de Silicon Valley, que ingenuamente imaginaban las redes sociales como instrumentos de liberación horizontal, vieron sus creaciones interceptadas por extremistas que transformaron estas plataformas en vectores de radicalización masiva. El libro investiga tres años de infiltración de la conversación estadounidense: cómo memes nacidos en 4chan mutaron en política real, cómo lo impensable se normalizó y cómo un tecno-utopismo sin vigilancia construyó máquinas de propaganda fascista.
En vísperas de las elecciones presidenciales de 2016, un periodista se sumerge en dos mundos en colisión: las torres de vidrio de Silicon Valley y los antros digitales donde germinaba el fascismo de internet. La obra abre en Hermosa Beach con una escena reveladora: un orador nacionalista convierte una conjetura sobre Hillary Clinton en un meme que recorrería Twitter, el Drudge Report y Fox News hasta la boca de Donald Trump. El relato se despliega como una arqueología del colapso: cómo en una década, las promesas de democratización informativa enfrentaron una realidad más oscura. Las redes sociales nacieron como utopías de información horizontal, sin guardianes institucionales. Esa narrativa chocó contra lo impensable. A través de investigaciones exhaustivas en 4chan, Twitter, Reddit y plataformas sin moderación, emerge un retrato de cómo el fascismo, el neonazismo y el supremacismo blanco hallaron en estos espacios vectores perfectos para radicalización viral. El blog The Right Stuff ejemplifica este periplo: libertarios que evolucionaron hacia la derecha alternativa mediante memes cada vez más repugnantes y un tono nihilista que logró normalizar lo extremista. La obra rechaza tanto el optimismo ingenuo sobre tecnología como el determinismo fatalista. Examina cómo lo impensable deviene pensable: cambiar el vocabulario nacional es cambiar quiénes somos.