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Un vuelo privado despega de Martha's Vineyard con una familia acomodada, sus amigos y un desconocido pintor. A bordo del Osprey 700SL, David Bateman, influyente ejecutivo de medios, viaja con su esposa Maggie y sus dos hijos, Rachel y J.J.
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Un vuelo privado despega de Martha's Vineyard con una familia acomodada, sus amigos y un desconocido pintor. A bordo del Osprey 700SL, David Bateman, influyente ejecutivo de medios, viaja con su esposa Maggie y sus dos hijos, Rachel y J.J., junto con Ben y Sarah Kipling. Pero una serie de llamadas misteriosas, tensiones silenciosas entre los pasajeros y una advertencia sin pronunciar sugieren que este viaje de regreso a Nueva York podría cambiar todo lo que esta familia ha construido.
En la cálida noche de Martha’s Vineyard, un avión privado Osprey 700SL se prepara para despegar. A bordo viajan David Bateman, ejecutivo de un imperio mediático televisivo que ha construido en los últimos trece años, acompañado de su esposa Maggie, una antigua maestra de párvulos que ha sacrificado su carrera por la familia, y sus dos hijos: Rachel, una niña inteligente y observadora de nueve años que sobrevivió a un traumático secuestro en 2008, y J.J., su hermano menor, un niño de cuatro años de energía inagotable.
También abordan el vuelo sus amigos Ben y Sarah Kipling, una pareja adinerada cuyos negocios los vinculan al mundo financiero de Wall Street. Pero en esta ocasión hay un pasajero adicional: Scott Burroughs, un pintor desconocido que Maggie invitó casualmente tras cruzarse con él en el mercado esa mañana.
En el tenso ambiente de la cabina, las llamadas de trabajo no dejan de interrumpir. David evita conversaciones incómodas mientras aparenta ocupación constante. Ben busca un momento privado para hablar con él sobre algo importante. Las dinámicas familiares revelan fricciones sutiles: el matrimonio entre David y Maggie, desgastado por su ausencia y sus prioridades divididas; la presencia vigilante de Gil, el jefe de seguridad, recordatorio constante de una amenaza pasada que marcó a Rachel para siempre.
La niebla costera se cierne sobre la pista mientras el avión aguarda su último pasajero. En el tiempo que tardan en esperar, los viajeros se acomodan entre paneles de madera y lujo discreto. Los pilotos proceden con sus comprobaciones previas al despegue. Y mientras el motor cobra vida, nadie sospecha que este viaje de tres horas hacia Nueva York no será lo que aparenta ser.