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La terraza de una mansión de Sidney presencia una conversación que cambiará vidas. Ray pide a Nick Coleman, su protegido convertido en millonario, que sea tutor legal de su hija Sarah.
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La terraza de una mansión de Sidney presencia una conversación que cambiará vidas. Ray pide a Nick Coleman, su protegido convertido en millonario, que sea tutor legal de su hija Sarah. Lo que Ray ignora es que Nick ya siente atracción por Sarah, la adolescente que se ha transformado en mujer. Siete años después, cuando ella cumple veinticinco, la promesa hecha al difunto padre se vuelve insoportable. En este romance contemporáneo, la línea entre protección y deseo se desmorona donde el poder y la tentación se entrelazan irremediablemente.
En el prólogo de esta novela, una terraza de lujo en Sidney se convierte en escenario de un pacto que redefinirá tres vidas. Ray, millonario y benefactor de Nick Coleman, le confía una misión: servirá como tutor legal de su hija única, Sarah, hasta que la joven cumpla veinticinco años. Nick acepta, aunque incomodado, pues ya ha notado el cambio de Sarah: la adolescente desgarbada ha desaparecido, reemplazada por una mujer con voluptuosas curvas y ojos verdes de fascinante belleza. Esa Navidad, un beso inocente bajo el muérdago desata en Nick una lujuria que lo aterroriza; desde entonces, evita sistemáticamente a su pupila.
Cuando Ray muere tres semanas después, Nick se convierte en albacea testamentario y tutor de Sarah. El relato avanza siete años. Sarah, ahora educadora infantil, ha lidiado con su obsesión por Nick mediante obsesiones destructivas: primero con la comida, luego con hombres que nunca alcanzan la medida de su tutor. Con ayuda de Derek, su entrenador personal y confidente, ha transformado su cuerpo. Pero la revelación de Derek —que es homosexual— marca un punto de inflexión: Sarah finalmente articula su verdad, la obsesión silenciosa que la define desde los ocho años, cuando Nick entró a trabajar como chófer de su padre.
La novela se sitúa en la tradición del romance contemporáneo, donde la dinámica de poder, la protección paternal delegada y el deseo reprimido generan tensión narrativa. Nick representa el self-made man australiano: ascendente social, magnate de los negocios, pero atrapado en una posición de responsabilidad que lo aleja de quien realmente desea. Sarah es la heredera educada que ha aprendido a valerse por sí misma, rechazando la dependencia económica. Febrero —cumpleaños veinticinco de Sarah— se aproxima, promesa del momento en que Nick dejará de ser su tutor legal y la línea entre obligación y deseo finalmente podrá cruzarse.