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Una joven amnésica vagabundea por las calles lluviosas de Guildford y es acogida por una pareja que ve en ella a su hija fallecida. Llamándola Astrid, la instalan en un hogar donde cada objeto susurra a la niña desaparecida.
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Una joven amnésica vagabundea por las calles lluviosas de Guildford y es acogida por una pareja que ve en ella a su hija fallecida. Llamándola Astrid, la instalan en un hogar donde cada objeto susurra a la niña desaparecida. Entre sueños fragmentados poblados de criaturas imposibles y acertijos sin sentido, la protagonista debe descubrir su verdadera identidad. Esta reinterpretación de Alice in Wonderland transpone el país de las maravillas de Carroll hacia el realismo gótico británico, donde la amnesia es la puerta hacia un espacio onírico del que no hay retorno.
En la lluvia de Guildford, una joven sin memoria es rescatada de las calles por María y Gregory Richardson, una pareja acomodada que ve en ella el fantasma de su hija fallecida hace dos años. Le dan un nombre—Astrid—y la instalan en una mansión familiar donde cada objeto, cada rincón, susurra por la niña que no volverá. Los juguetes olvidados en los estantes, la cama de baldaquín con sábanas rojas, el nombre inscrito en la pared: todo la rodea con la presencia fantasmal de quien fue reemplazada por una extraña.
Pero en los sueños de la protagonista habitan criaturas imposibles y acertijos sin sentido aparente. La realidad se disuelve en fragmentos incomprensibles: voces murmuran «es tarde, es tarde», personajes susurran que «todos estamos locos». Una llave de plata cuelga de su cuello, símbolo de una puerta cerrada a su verdadera identidad. ¿Quién es ella realmente? ¿Dónde termina la Astrid muerta y comienza la joven viva?
Esta novela reimagina el legado de Carroll, transportando a Alice desde el país de las maravillas hacia el realismo gótico británico del siglo diecinueve. Donde la caída por la madriguera del conejo abría un universo de fantasía pura, aquí la amnesia abre una puerta hacia un espacio donde lo onírico y lo real se confunden sin retorno. Coppola explora cómo la identidad es tanto un misterio psicológico como una construcción impuesta por quienes nos aman, meditando sobre la imposibilidad de ser otro, incluso cuando la apariencia física lo sugiere, y sobre cómo el dolor no resuelto transforma a los vivos en fantasmas.