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Esta es la historia de Alfonsina Storni desde su nacimiento en Suiza en 1892 hasta sus primeros años en la Argentina. Hija de inmigrantes suizos, la futura poeta creció en San Juan entre la elegancia de una madre cultivada y la sombra…
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Esta es la historia de Alfonsina Storni desde su nacimiento en Suiza en 1892 hasta sus primeros años en la Argentina. Hija de inmigrantes suizos, la futura poeta creció en San Juan entre la elegancia de una madre cultivada y la sombra inquietante de un padre melancólico y alcohólico. El relato revela a una niña precoz, inteligente y voluntariosa, marcada por la ausencia paternal y la inestabilidad familiar, que buscaba refugio en los libros, la actuación y las mentiras imaginativas. Su infancia forjó la rebeldía poética y la sensibilidad extrema que caracterizaron a la poeta que cuestionaría los roles femeninos establecidos en la literatura hispanoamericana.
Alfonsina Storni nació en 1892 en Sala Capriasca, Suiza, en el seno de una familia de inmigrantes de clase media. Sus padres, Alfonso Storni y Paulina Martignoni, provenían de Lugano; Alfonso pertenecía a los hermanos Storni, emprendedores que habían prosperado en San Juan, Argentina, con fábricas de soda e hielo. Sin embargo, la vida familiar estaba marcada por la melancolía profunda de Alfonso, hombre ausente y entregado a la bebida, cuyas crisis periódicas desintegraría el hogar.
La infancia de Alfonsina transcurrió entre Suiza y Argentina, en un entorno contradictorio. La sofisticación de su madre Paulina, mujer cultivada que tocaba piano y dirigía tertulias sociales, contrastaba con la perturbadora ausencia del padre. Alfonso desaparecía durante días mientras sus hijos crecían en un hogar carente de estabilidad emocional.
Desde temprana edad, Alfonsina mostró una personalidad singular: voluntad inquebrantable unida a sensibilidad extrema. A los seis años robó un libro en una tienda porque no había dinero en casa; episodio que reveló su autonomía precoz. Sus mentiras infantiles—la quinta imaginaria, celebraciones ficticias—eran mecanismos de protección psíquica ante una realidad amenazante.
La niña que se describía como “colorada, redonda, chatilla y fea” era inteligente, preguntona e insatisfecha con explicaciones superficiales. Sus primeros pasos artísticos ocurrieron en la Escuela Normal de San Juan, donde participaba en fiestas escolares. Lo más revelador era su capacidad de autocrítica: lloraba desconsolada tras ser aplaudida porque consideraba que pudo hacerlo mejor.
El padre murió en 1906, cuando Alfonsina tenía catorce años. De él heredaría la melancolía y la rebeldía contra lo establecido. Su madre Paulina le transmitió la inteligencia cultivada y la capacidad de no rendirse ante adversidades.
Este retrato de sus primeros años ilumina los orígenes de la poeta que se convertiría en voz rebelde de la literatura hispanoamericana, transformando el dolor familiar en creación poética.