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John Holloway propone una respuesta radical a la pregunta de cómo cambiar el mundo: agrietar el capitalismo. Frente a la imposibilidad de la toma del poder estatal, la obra defiende la creación de múltiples grietas, espacios de rebelión…
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John Holloway propone una respuesta radical a la pregunta de cómo cambiar el mundo: agrietar el capitalismo. Frente a la imposibilidad de la toma del poder estatal, la obra defiende la creación de múltiples grietas, espacios de rebelión donde se practica un hacer diferente, no determinado por el dinero ni el poder. Estos intersticios ya existen, proliferan en todo el mundo, y en su expansión y confluencia radica la posibilidad de una transformación revolucionaria verdadera.
Este ensayo ofrece una propuesta revolucionaria para una época de crisis sin precedentes. Frente a la pregunta angustiante de «¿qué podemos hacer?», Holloway responde con una estrategia radical pero fundamentada: agrietar el capitalismo. No se trata de una invención teórica, sino del reconocimiento de un movimiento ya en marcha, visible en millones de experimentos de resistencia y creación que proliferan silenciosamente por todo el mundo.
La obra rechaza el camino de la toma del poder estatal, considerado tanto imposible como contraproducente. En su lugar, propone la apertura de grietas: espacios de rebelión donde se practica un hacer diferente, no determinado por el dinero ni subordinado a las reglas del poder, sino guiado por necesidades reales y elecciones conscientes de libertad. Estas grietas ya existen. Son intersticios donde personas comunes—compositores, jardineros, trabajadores, maestros, enfermeros—crean formas alternativas de vida y organización.
La urgencia es extrema. El capitalismo no solo genera pobreza, explotación y violencia, sino que destruye activamente las condiciones naturales de la existencia humana. El tiempo de la paciencia revolucionaria ha terminado; la revolución debe ocurrir ahora, aquí, no como promesa futura sino como práctica presente.
Holloway utiliza una imagen potente: somos habitantes de una habitación cerrada cuyas paredes avanzan inexorablemente hacia el centro. Mientras algunos pretenden ajustar los muebles, otros nos lanzamos contra las paredes en busca de grietas, de fisuras por las cuales escapar. El método es simultáneamente práctico y teórico: golpear las paredes y reflexionar sobre dónde hallar salidas.
El método es dialéctico desde una dialéctica de la inadecuación: pensamos el mundo desde nuestro choque creciente con él. Conforme el capital exige más, cada vez más personas descubren que no encajan, que es imposible conformarse. Esas contradicciones son el terreno donde germinan las grietas. Los movimientos intersticiales—experimentos que crean alternativas en espacios dejados abiertos por el capital—son posiblemente los embriones de una nueva sociedad.