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Una historia de resistencia y dolor durante la ocupación alemana en Italia. Agnese, una campesina lavandera de corazón generoso, comparte su hogar con un soldado desertor.
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Una historia de resistencia y dolor durante la ocupación alemana en Italia. Agnese, una campesina lavandera de corazón generoso, comparte su hogar con un soldado desertor. Cuando los alemanes llegan al pueblo, arrastran a su marido Palita para trabajos forzados. Entre bombardeos aéreos y muerte, Agnese aprende el odio y descubre que la bondad no basta ante la brutalidad de la guerra.
En una tarde de septiembre, Agnese, una campesina lavandera, se encuentra con un soldado joven. La guerra ha terminado, dice él, pero Agnese presiente que aún queda lo peor. Lo invita a su casa, donde vive con Palita, su marido enfermizo que fabrica artesanías con mimbre. A la mañana siguiente, los alemanes llegan al pueblo buscando desertores. El soldado huye a la acequia. Pero los alemanes no buscan al joven soldado: buscan a Paolo Ottavi. Es Palita. A punta de fusil se lo llevan. Agnese corre tras el camión, abrazándolo, gritando, pero los alemanes la apartan. Las últimas palabras de Palita se pierden en el motor: «Cuida de la gata». Agnese sigue corriendo, jadeante, el corazón rompiéndose. Esa noche, mientras espera sola, los cazabombarderos bombardean el puente. La gente corre despavorida. Agnese deja entrar a gente en su cocina, incluso a soldados alemanes que tiemblan de miedo. Cuando todo termina, camina hacia la acequia. El joven soldado se ha ido. En la soledad de esas primeras noches sin Palita, Agnese siente nacer un odio adulto, mesurado pero despiadado, hacia los ocupantes, hacia quienes se comportan como dueños de todo. Su vieja fuerza de campesina ya no le sirve. Llega una carta de Palita, escrita a lápiz, con palabras casi borradas. Agnese apenas sabe leer. La guarda en el monedero y llora mirándola una y otra vez. Entonces llegan tres hombres a visitarla. Dos son amigos de su marido. El tercero es un dirigente comunista de la ciudad que conoce a Palita y sabe lo mucho que vale. La puerta se cierra con cerrojo. Se abre una nueva posibilidad.