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En las profundidades del metro de Toronto, un hombre elegante de sesenta años se lanza a la vía bajo un tren. El conductor John Hogg se convierte en testigo involuntario de la tragedia.
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En las profundidades del metro de Toronto, un hombre elegante de sesenta años se lanza a la vía bajo un tren. El conductor John Hogg se convierte en testigo involuntario de la tragedia. Pero lo que comienza como un aparente suicidio despierta interrogantes inquietantes cuando el inspector Parr comienza a investigar. Mientras tanto, en las sombras de la ciudad, otras historias tejen una red de secretos y verdades ocultas que trascienden la muerte.
Las noches del metro de Toronto guardan historias que no quieren ser contadas. Una de ellas comienza cuando el conductor John Hogg reduce la velocidad acercándose a la estación de Rosedale, ansioso por terminar su turno y asistir a una reunión con sus compañeros. Pero la rutina se quiebra en segundos cuando algo golpea la delantera del tren con violencia brutal. Un hombre ha saltado a la vía. Lo que sigue es un procedimiento mecánico: la llamada de emergencia, la recogida del cuerpo, el inventario de pertenencias. El difunto es George Harris, sesenta años, usuario de Gucci nuevos. Un hombre que, por todos los indicios, decidió terminar su vida bajo las ruedas de un metro. Pero cuando el inspector David Parr llega a la estación para recopilar testimonios, descubre un rompecabezas perturbador. Los testigos cuentan historias contradictorias. Algunos vieron a Harris aproximarse deliberadamente al borde. Otros lo vieron tambalearse, como si algo o alguien lo hubiera empujado. Una mujer negra gritó, pero nadie sabe si fue porque lo vio saltar o por algo más. Un taxista que se tomaba un día libre presenció el momento exacto. Un ejecutivo de aspecto sospechoso leía el periódico distraído. Entre los fragmentos de testimonios y el caos de la estación subterránea, Parr intuye que nada es lo que parece. ¿Suicidio o asesinato? ¿Quién era realmente George Harris? Y mientras la investigación abierta se cruza con vidas ordinarias, aparece Judith Hayes, haciendo testamento a los treinta y ocho años, conectando hilos de una trama que se extiende mucho más allá de las plataformas del metro.