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En una república distópica donde la energía generada por los ciudadanos caminando sustenta el régimen, Emmeline es una joven que se ve obligada a vivir bajo reglas estrictas.
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En una república distópica donde la energía generada por los ciudadanos caminando sustenta el régimen, Emmeline es una joven que se ve obligada a vivir bajo reglas estrictas. Cuando su madre desaparece llevada por los Ejecutores y ella es emparejada con Jeremy para reproducción, debe enfrentarse a un sistema que lo controla todo: desde su energía hasta su cuerpo, en un mundo donde la libertad es apenas un recuerdo lejano.
En una república controlada por la Autoridad, los ciudadanos viven en Recintos segregados donde cada aspecto de su existencia está monitoreado y regulado. El sistema se sustenta en la Política de Energía Neutral: cada persona debe caminar en cintas mecánicas para generar la energía que alimenta el régimen, a cambio de comida, vestimenta y vivienda. No existe dinero, no existe propiedad privada, no existe libertad de movimiento.
Emmeline ha pasado toda su vida en el Recinto 14 junto a su madre, quien guarda fragmentos de memorias de un mundo anterior: de granjas, naturaleza y familias que se elegían a sí mismas. La madre de Emmeline susurra historias sobre tiempos antes de la Agenda 21, cuando existía algo llamado “elección”. Pero esos relatos son peligrosos en un mundo donde hasta atropellar accidentalmente una serpiente puede significar desaparición.
Cuando los Ejecutores—hombres de uniforme negro sin compasión—llegan a su Habitáculo, la madre de Emmeline es arrebatada sin explicación. La joven debe continuar produciendo energía, doblando sus esfuerzos para alimentar a ambas. Días después, es emparejada oficialmente con Jeremy, un hombre delgado y pálido asignado por la Autoridad para reproducción. En una ceremonia carente de emoción, ambos juran lealtad absoluta a la República y se comprometen a producir energía y ciudadanos para el Estado.
Con su madre desaparecida, su cuerpo bajo control estatal y un compañero silencioso que rechaza su presencia, Emmeline enfrenta un mundo gris en todos los sentidos: estructuralmente opresivo, visualmente monótono e humanamente vacío. Solo le quedan fragmentos de las historias de su madre y una pregunta creciente: ¿existe alguna forma de escapar de un sistema que lo controla absolutamente todo?