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Aquel 10 de diciembre de 2009, María Lourdes Afiuni no imaginaba que su último acto como mujer libre sería otorgar libertad mediante cautelar a un preso considerado cercano al Ejecutivo.
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Aquel 10 de diciembre de 2009, María Lourdes Afiuni no imaginaba que su último acto como mujer libre sería otorgar libertad mediante cautelar a un preso considerado cercano al Ejecutivo. Su decisión ajustada a derecho desencadenó una represalia que la mantendría confinada durante años. Este testimonio de Francisco Olivares reconstruye cómo el ejercicio legítimo de la función jurisdiccional se convirtió en acto de transgresión ante un poder que no tolera contradicciones. Es un retrato del colapso institucional de la justicia venezolana, donde los tribunales se redujeron a instrumentos del Ejecutivo y la separación de poderes quedó reducida a ficción constitucional.
En las primeras líneas del libro, vemos a María Lourdes Afiuni atravesando las congestionadas calles de Caracas aquella mañana de diciembre de 2009, ignorante de que cruzaría la ciudad por última vez como mujer libre. Se viste apresuradamente junto a su familia en La Boyera, una urbanización de clase media, sin sospechar que su decisión judicial de esa jornada—otorgar libertad mediante cautelar a un preso considerado importante por el Ejecutivo—desencadenará un calvario de años.
Francisco Olivares construye una narrativa que trasciende el caso individual de Afiuni para revelar la esencia del autoritarismo contemporáneo. El libro se sitúa en la tradición de los testimonios que denuncian el abuso de poder institucional, documentando el colapso de la justicia venezolana bajo la revolución bolivariana. A través de fuentes rigurosas, expone cómo los tribunales fueron sistemáticamente sometidos, cómo jueces fueron depurados sin defensa, cómo la autonomía judicial se convirtió en aspiración imposible en un contexto donde el Ejecutivo se fusionó completamente con el aparato legal.
La obra establece un diálogo entre dos historias entrelazadas: la de Afiuni y la de Eligio Cedeño, otro prisionero cuyas trayectorias ilustran facetas del mismo problema—una justicia completamente mediatizada, sin independencia frente al poder. No dramatiza; constata cómo una magistrada que procuró mantenerse alejada de la política se convirtió en símbolo involuntario de la resistencia judicial. Su prolongada detención en prisión, posteriormente conmutada a arresto domiciliario bajo vigilancia de guardias nacionales, ilustra el castigo infligido a quien osa ejercer la función jurisdiccional conforme a derecho cuando entra en conflicto con la voluntad presidencial.
Con prólogo de Blanca Rosa Marmol de León, magistrada que vivió estas transformaciones institucionales con particular intensidad, el libro traza un panorama histórico de cómo Venezuela transitó de ser democracia con separación de poderes a régimen donde el Poder Judicial se convirtió en apéndice del Ejecutivo. Documento esencial para comprender los mecanismos del autoritarismo moderno latinoamericano.