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Un oficial de policía se ve obligado a esconderse en un motel apartado cuando descubre que narcotraficantes planean secuestrar a su hija de tres años para hacerlo cambiar su testimonio crucial en un juicio.
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Un oficial de policía se ve obligado a esconderse en un motel apartado cuando descubre que narcotraficantes planean secuestrar a su hija de tres años para hacerlo cambiar su testimonio crucial en un juicio. Su única arma es el silencio, su única compañía la desesperación. En las sombras de una carretera secundaria, mientras intenta proteger a Betsy, Grogan descubre que la huida es imposible, que está acorralado sin salida.
En la penumbra de un bar de carretera, Steve Grogan observa cómo una joven cantante articula las últimas palabras de su canción junto al micrófono: «…y uno para el camino…». Es un momento de distensión que dura lo que cuesta verter champaña en una copa, porque la puerta del frente se abre y aparece el dandy Jim DeCarlo, un gángster que no puede ser aquí más que un mensajero de muerte.
Grogan es un oficial de policía que ha cometido el crimen de saber demasiado. Meses atrás descubrió una red internacional de narcotraficantes: operarios menores, contadores, distribuidores, y en la cúspide un hombre respetable del mundo de los negocios, alguien en quien nadie hubiera sospechado jamás. Ese hombre escapó. Su hermano, su testaferro o su socio sigue libre; pero Grogan tiene la única llave que puede condenarlo: su testimonio ante el tribunal.
La amenaza llegó a través de una advertencia: secuestrarían a Betsy, su hija de tres años, si cambiaba aunque fuera levemente su declaración en el juicio. Un niño es más fuerte que cualquier policía, más urgente que cualquier deber. Grogan pidió licencia indefinida de su departamento y se sumergió en la clandestinidad con la pequeña, acompañado por Vic, una mujer leal, y Rocco, un amigo que no haría preguntas.
Eligieron un motel de segunda categoría al borde de una carretera, Casa Carrillón, donde Grogan intenta mantener la vigilia mientras Betsy duerme abrazada a una muñeca de trapo. Pero la red se cierra. Los sicarios lo localizan. Jim DeCarlo aparece en el bar donde Grogan buscaba un respiro junto a Terry, una cantante de voz frágil y corazón fuerte. La huida se repite cada noche: de puerta en puerta, de bungalow en bungalow, con una escopeta lista en las rodillas y el teléfono timbrado por los contactos que quedan en la policía.
Acorralado es la novela del hombre atrapado en su propia integridad, del testigo que no puede hablar sin matar a su familia ni callarse sin asesinar la justicia. En la tradición de la novela negra norteamericana de mediados del siglo veinte, Louis King construye un relato de suspenso implacable donde no hay escapatoria posible, donde cada respiro es robado al reloj, y donde la paternidad se convierte en la cadena más fuerte que cualquier candado. Es la historia de un hombre cercado, sin escape visible, preguntándose cada vez que cierra los ojos si esta noche será la última.