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A las tres de la mañana, Luis Báez sigue trabajando en su próximo libro, alucinado con la historia que tiene entre manos. Acaba de regresar de la redacción y ya ha revisado los principales diarios digitales del mundo.
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A las tres de la mañana, Luis Báez sigue trabajando en su próximo libro, alucinado con la historia que tiene entre manos. Acaba de regresar de la redacción y ya ha revisado los principales diarios digitales del mundo. Así es el periodista que ha compilado Absuelto por la historia: doscientos treinta y seis testimonios de políticos, escritores, militares y científicos que reflexionan sobre Fidel Castro. A través de este retrato polifónico, Báez captura la magnitud histórica de un personaje y la complejidad de su carácter, sus convicciones ideológicas y su impacto transformador en Cuba y el pensamiento político latinoamericano del siglo XX.
Más de dos siglos después de que la Ilustración proyectara sus luces sobre América, las aguas del Caribe se convirtieron en frontera entre dos visiones irreconciliables del mundo. En este contexto, Absuelto por la historia emerge como un testimonio de la época revolucionaria que transformó a Cuba y sus consecuencias geopolíticas. Luis Báez, periodista de rigor incomparable, reunió las voces de doscientos treinta y seis personalidades —estadistas y revolucionarios, cardenales y generales estadounidenses, escritores de toda América— para armar un retrato multifacético de Fidel Castro. La obra no es biografía al uso, sino collage de perspectivas donde convergen miradas irreconciliables: quienes ven en Castro un héroe patriarca que encarnó las aspiraciones de una América diferente, y quienes lo perciben como adversario inteligente cuya voluntad de hierro no puede negarse. Cada testimonio añade una dimensión: los momentos críticos de la Crisis de Octubre narrados por asesores militares soviéticos, la esperanza de transformación social articulada por intelectuales latinoamericanos, la presencia de un hombre cuya sinceridad y convicciones ideológicas marcaron generaciones. Báez practicó un periodismo arqueológico, excavando en discursos, memorias y entrevistas a lo largo del proceso revolucionario. El resultado es un monumento textual donde la verdad emerge facetada, nunca monolítica: la complejidad de quien desde una isla transformó el rumbo político del siglo veinte.