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Viviane Lancier comanda la 3ª División de la Policía Judicial de París con severidad. A treinta y siete años, sola y atormentada, su vida gira en torno a la profesión.
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Viviane Lancier comanda la 3ª División de la Policía Judicial de París con severidad. A treinta y siete años, sola y atormentada, su vida gira en torno a la profesión. Cuando un vagabundo muere tras un violento robo en el Pont Neuf, su nuevo teniente Monot comete fallos procedimentales que despiertan los instintos más profundos de la comisaria. Mientras examina cada detalle del caso, anomalías inquietantes emergen. ¿Por qué atacar precisamente a un mendigo? ¿Qué contenía esa bolsa? La investigación fuerza a Viviane a confrontar misterios que trascienden lo criminal ordinario.
En la 3ª División de la Policía Judicial de París reina la autoridad de Viviane Lancier, una comisaria de treinta y siete años que ha sacrificado toda vida privada por su carrera. Sola, atormentada por su peso, su aspecto y su soledad, comanda a sus subordinados con una dureza que apenas disimula sus propias fragilidades. Su oficina, con la puerta cerrada, es el único refugio donde puede abandonar parcialmente su máscara de autoridad. La llegada del teniente Augustin Monot, joven, rubio, de ojos verdes, despierta en Viviane una atracción complicada y peligrosa que ella misma reconoce. Lo regaña con severidad, lo observa con intensidad, mantiene una distancia que su rango exige aunque le cuesta trabajo hacerlo. El lunes veintiuno de enero, Monot presenta un caso que parece rutinario: un vagabundo fue atacado violentamente en el Pont Neuf mientras estaba acompañado de un joven que intentó robarle una bolsa. El anciano, Pascal Mesneux de cincuenta y dos años, fue golpeado contra una farola y murió en el hospital. Pero conforme Viviane examina los detalles, detecta anomalías perturbadoras. ¿Por qué atacar a un mendigo en pleno París? ¿Por qué esa bolsa? Los fallos de Monot trascienden lo administrativo: toma la declaración en un bar, firma una servilleta, luego consume una prueba material. Revelan falta de instinto investigativo que inquieta a la comisaria. Es la primera vez que siente que su equipo no solo comete errores de procedimiento, sino que pierde intuición criminal. En la morgue, Viviane examina personalmente el cadáver y sus pertrechos. El vagabundo portaba un libro de poesía de Víctor Hugo de edición que sugiere una vida antes de la calle. El panecillo que Monot consumió—un pancake con bacon y queso—levanta preguntas sobre los días de Mesneux. Los cabellos grisáceos y barba blanca del hombre, cuando ella los aparta para ver el hematoma mortal, evocan sorprendentemente al poeta revolucionario que adorna la portada. Mientras regresa bajo la lluvia parisina, dejando a Monot con la tarea de descubrir dónde Mesneux adquirió ese pancake, Viviane sabe que cada detalle cuenta. En su pequeño piso, entre compras de dieta y barras de chocolate que sus intenciones nunca contienen, reflexiona. Este caso despierta sus sospechas más profundas. Pascal Mesneux fue más de lo que parecía.